El vendedor virtual (Una historia de negocios)

EL VENDEDOR VIRTUAL

Erase una vez un cercano país que estaba atravesando una situación económica muy mala. Eso generaba entre sus habitantes depresión y malestar.

Todo comenzó por las acciones egoístas de una cincuentena de influyentes sinvergüenzas en una distante e importante nación que, en un primer momento, provocaron grandes problemas a nivel local.

Como la economía estaba muy globalizada esas complicaciones locales se expandieron a las demás naciones con mucha más rapidez que el virus de la peste en épocas anteriores.

Las ventas de las empresas bajaron tanto que se vieron obligadas a implantar nuevas estrategias comerciales que comenzaron con la simple idea de la subsistencia y de no verse afectadas por la vertiente negativa de las leyes de Darwin y Murphy.

Después, cuando la situación se estabilizó, pudieron comprobar que esas tácticas novedosas les servían también en tiempos de crecimiento.

Inmersa en ese agitado mundo había una empresa, dirigida por Justo Rico, que estaba pasando por uno de los peores momentos de su historia.

Justo Rico era un hombre honesto, inteligente y emprendedor que había reducido los gastos hasta los límites que la prudencia aconsejaba.

Su parte honesta le impedía rebajarlos más sin deteriorar su relación con las personas que le habían ayudado a llegar a donde se encontraba. Personas como trabajadores, amigos, proveedores y socios.

Sabía que sólo existían dos soluciones: gastar menos o vender más, y su espíritu emprendedor le llevó a esto último. A no rendirse. A tratar de influir en la crisis en lugar de que la crisis influyera en él.

Su vertiente inteligente le aportó las ideas necesarias para poner en práctica sus planes.

“Como mis clientes”, pensó, “no pueden absorber más de mi producción la única solución que tengo es conseguir clientes nuevos”.

“Para ello tendría que contratar más comerciales que abran mercado, con lo que volveré  a aumentar los gastos y eso ahora puede ser un peligro”.

“En realidad”, siguió pensando, “lo que me hace falta es hacer prospección y contactar con más clientes que podrían ser atendidos por los mismos vendedores que tengo, sin necesidad de aumentar la plantilla, con lo que conseguiría más ventas prácticamente con la misma inversión. También podría hacer que clientes nuevos contactasen conmigo”.

Estaba enfrascado en estos pensamientos cuando le interrumpió el responsable de informática de la empresa, Jorge Dato: “Ya tengo reparado el ordenador averiado”.

El Sr. Rico preguntó, sorprendido: “Cómo has podido hacerlo con tanta rapidez?”

“Muy fácil. He buscado en Google “reparación de ordenadores” y he avisado al primero que he encontrado y me ofrecía en su web las garantías que yo quería”.

Al Sr. Rico se le iluminó el rostro. Jorge, sin saberlo, le había aportado la solución.

Internet había actuado como vendedor de esa empresa de reparación de ordenadores sin un coste adicional aparente.

Entonces empezó a cavilar: “Si yo también tuviese una web vendedora que me acerque al mercado podría conseguir clientes nuevos. Mis clientes habituales ya conocen la que tengo sin necesidad de mover nada pero si además saliera en los primeros lugares de las búsquedas en Internet y lanzase el menaje adecuado la podrían encontrar clientes potenciales que no me conocen”.

“El producto que yo vendo”, siguió pensando, “no permite ser vendido a través de la web pero sí que me puede ayudar a que clientes potenciales contacten con mi empresa y que los vendedores que ya tengo rematen las operaciones”.

“Podré tener un vendedor virtual que trabaje las 24 horas de 365 días al año, no cobrará dietas ni comisiones ni habrá que pagar nada a la Seguridad Social, no me discutirá el sueldo que le pago (o que no le pago), me puede aportar más cifra de negocio que nadie y en todo el territorio que yo quiera (y sin kilometraje)”.

Así, poniendo en práctica su idea, fue como el Sr. Rico superó la crisis del momento y creció después. Sus clientes se duplicaron en tres años mientras que sus gastos sólo aumentaron el 10%. Desde entonces siempre se le oye repetir que “una web vendedora es lo más rentable que hay porque puede salvar una empresa en época de crisis y ayudarla a crecer cuando soplan vientos favorables”.

Recuerde que en Internet:

  • el cliente le busca a usted y no al revés
  • el cliente está interesado en su producto
  • el cliente quiere comprar... ¡ahora!

   
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